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Hoy llegamos al sexto chakra, el Ajna, más conocido como el chakra del tercer ojo. Está situado entre las cejas, en el centro de la frente, y se asocia con la intuición, la claridad mental y la percepción profunda.

Leo: ¿Qué significa eso exactamente de “tercer ojo”?

Celia: Mira, Leo, el tercer ojo no es un ojo físico, sino un símbolo de visión interior. Mientras los ojos físicos miran hacia fuera, este chakra nos enseña a mirar hacia dentro. Es el centro desde el que comprendemos más allá de lo que se ve. Tiene que ver con la intuición, con esa sensación de “yo ya sabía que esto era así”, incluso sin poder explicarlo con la razón.

Leo: O sea, la voz interior, ¿no?

Celia: Exacto. El tercer ojo es la voz de la sabiduría interior. Cuando está equilibrado, tenemos claridad, intuición, buena memoria y capacidad para ver las cosas con perspectiva. Pero cuando está bloqueado, aparece la confusión, el exceso de pensamientos, la dificultad para concentrarnos o para tomar decisiones. También puede haber una desconexión del presente, vivir demasiado en la cabeza.

Leo: ¿Y cómo se bloquea eso?

Celia: Se bloquea cuando no confiamos en nosotros mismos, cuando siempre buscamos las respuestas fuera, cuando vivimos con exceso de ruido mental o sin descanso. A veces, este chakra se apaga un poco porque no paramos nunca. La mente no tiene silencio, y sin silencio no hay visión. La intuición no grita, susurra. Y para escucharla, necesitamos bajar el volumen del mundo.

Leo: Qué bonito eso… ¿y cómo se puede trabajar desde el yoga?

Celia: Desde el yoga, trabajamos el tercer ojo con posturas que calman el sistema nervioso y fomentan la introspección. Por ejemplo, la postura de Balasana. Te arrodillas, apoyas la frente en el suelo y los brazos relajados. Esa conexión de la frente con la tierra estimula directamente el punto del tercer ojo. Es una postura de humildad, de rendirse, de mirar hacia dentro.

Otra muy sencilla es la postura de Viparita Karani. Te tumbas, colocas las piernas estiradas sobre la pared, y dejas que la sangre fluya hacia el corazón y la cabeza. Es una postura restaurativa que despeja la mente y trae claridad. Además, alivia el cansancio y mejora el sueño, que es esencial para mantener este chakra equilibrado.

Leo: O sea, nada complicado, algo que cualquiera puede hacer en casa.

Celia: Exacto. Y más allá de las posturas, este chakra se activa con la meditación y la observación consciente. Por ejemplo, puedes sentarte con la espalda recta, cerrar los ojos y dirigir la atención al entrecejo. Respirar despacio y observar cómo se siente ese punto. No hace falta imaginar nada extraño, solo mirar hacia dentro, con calma.

Leo: ¿Y tiene algún símbolo o color asociado?

Celia: Sí, su color es el índigo, un azul profundo con un toque violeta. Representa la noche, el misterio, el silencio interior. Y su elemento es la luz, pero no la luz del sol, sino esa luz interior que nos guía incluso cuando todo fuera está oscuro. Por eso este chakra se relaciona con el “ver con el alma”.

Leo: ¿Y qué pasa cuando se abre este chakra?

Celia: Cuando el tercer ojo se abre, vemos la vida con más claridad y compasión. Empezamos a comprender los porqués, a confiar en los procesos, a aceptar que todo tiene su momento. Ya no necesitamos tanto control, porque entendemos que hay una inteligencia más grande moviendo las cosas. Y eso da mucha paz. También se despierta la imaginación creadora, pero de una forma consciente. No es soñar por soñar, sino visualizar desde la confianza. Cuando el tercer ojo está despierto, podemos imaginar una vida distinta y empezar a crearla desde dentro. Por eso se dice que este chakra es el puente entre el pensamiento y la realidad.

Leo: ¿Y hay alguna práctica más sencilla para los oyentes?

Celia: Sí, una muy bonita es la meditación de la vela. Enciendes una vela, la colocas frente a ti y miras la llama sin parpadear durante unos segundos. Luego cierras los ojos y observas la luz que ha quedado impresa en tu mente. Esa práctica entrena la concentración y limpia el tercer ojo. También puedes practicar Nadi Shodhana Pranayama. Tapas una fosa nasal, inhalas por la otra, luego cambias, exhalas, y sigues así alternando. Equilibra los dos hemisferios del cerebro, calma la mente y limpia los canales energéticos.

Leo: Qué interesante eso del equilibrio entre hemisferios.

Celia: Sí. El lado derecho está relacionado con la intuición y lo creativo; el izquierdo con la lógica y el análisis. Cuando respiramos alternadamente creamos coherencia mental. Y hay otra cosa, para que el tercer ojo funcione bien, hace falta descanso. Dormir bien, desconectar de las pantallas, dejar espacio al silencio. La intuición necesita tiempo, igual que las semillas. No podemos forzarla, solo crear las condiciones para que brote. El tercer ojo nos enseña a ver más allá de lo evidente. A veces creemos que la intuición es un don para unos pocos, pero no: todos nacemos con ella.

Solo tenemos que escucharla.

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